Siempre pertinente, porque, cuando el diseño y la arquitectura antifrágil no lo es?
Me ha pasado mucho que veo, y sufro, de recorridos urbanos que de pronto pierden la narrativa.
Me explico: una biblioteca, en una plaza bien iluminada, con bancos para sentarse, verde, algo de sombra, pero el recorrido para el peatón es árido. Largas manzanas sin actividad, a veces simplemente un muro con las puertas de servicio de la compañía de electricidad, paradas de bus que son solo un poste, quizá un banco pero sin ninguna clase de sombra.
Hay que pensar en la gente, en que los hermosos edificios que se diseñan no valen de nada si no se toma en cuenta el genius loci, el espíritu del lugar, lo que lo hace insustituible y cómo el proyecto y todo lo que lo conecta con el resto de la ciudad va a contribuir y a expresar ese caracter.
Muchas gracias por traer estas reflexiones a la mesa, ¡feliz domingo!
Lo de recorridos urbanos que pierden la narrativa... Me ha recordado a los carriles bici que solo tienen unos cientos de metros... Sin continuidad 😅. Asi se ha hecho el diseño urbano. Ya es hora que cambie. Ya no es si quiera reverter la emergencia climática es adaptarnos para sobrevivir.
Buenísima analogía! Es que sin tratar de mantener la narrativa y la coherencia del contexto, pasa lo que vemos: piezas que no conversan entre si, ubicadas dando la espalda a lo que tienen que mirar, o interfiriendo con lo que deberían conectar.
Estoy de acuerdo, no basta con tener piezas aisladas que funcionen por sí solas, pensadas de manera autónoma. Una ciudad tiene que funcionar como conjunto, como un ecosistema, donde cada intervención refuerce la siguiente, con continuidad en los recorridos. Cuando ese lazo se rompe, la experiencia humana se resiente, por mucho que las piezas aisladas estén bien resueltas. Gracias por compartir vuestras reflexiones!
Me he visto reflejada en Carmen. Estos últimos días de bochorno ininterrumpido han sido difíciles de soportar. Y eso que tengo todas las comodidades a mi alcance y soy (me considero) joven.
Pienso a menudo en todas las Cármenes y Pepes de nuestras ciudades y pueblos. Todos vamos a ser ellos, antes o después.
Más nos vale ir por la sombra y reclamar sin pausa que haya sombra. Ya.
Así es. La sombra se ha convertido en una infraestructura tan necesaria como los puentes o las plazas. Y no basta con crear puntos aislados. Necesitamos conectarlos mediante recorridos de sombra. Gracias por el comentario, Marga.
Imagino totalmente el recorrido que describes. Creo que todos podemos vivir travesías urbanas hostiles pero que muchos tenemos la capacidad de solventar y, ni siquiera nos paramos a pensar en los que no tienen la capacidad de hacerlo. Muchos días de este verano pasamos (camino de la playa) en coche delante de un "parque de agua"; unas instalaciones que el ayuntamiento de mi ciudad ha añadido a un parque infantil unas instalaciones acuáticas. Juegos de agua, aspersores... Allí los niños pueden estar en bañador, salpicarse, refrescarse... Se supone que, si no puedes llegar a la costa en estos días de calor, tienes esa alternativa. El problema es que es una alternativa bastante lejana, a la que se llega cruzando un puente peatonal u otro semipeatonal sin un tramo de sombra.
Tal y como describes, los recorridos de sombra se han convertido en una infraestructura tan necesaria para la ciudad del siglo XXI como las carreteras o los puentes lo fueron para la ciudad del siglo XX. Tenemos que crear refugios climáticos y, al mismo tiempo, recorridos que los hagan accesibles a todos. Es una buena inversión a largo plazo. Muchas gracias por compartir tu ejemplo, Eva.
Excelente cuento, Francisco, manejar el calor es muy difícil. Yo aquí en México en la brisa, nunca hubiera pensado que en Londres hace más calor que en la ciudad de México...
Gracias, Rosalind. Con el aumento de termperaturas, hay mucho que unos lugares podrán aprender de otros en cuanto a estrategias de dialogo con el clima. Me pregunto qué puede aprender Londres de Ciudad de México, y vicerversa. Seguro que mucho. Abrazos.
No conozco a Carmen pero hablo todos los días con María y sus días durante los últimos veranos son parecidas a los de Carmen. Y desde que empiezan está deseando que terminen.
Estos veranos cada vez más calurosos se ceban especialmente con las personas cuya salud se resiente más como consecuencia del calor, y que muchas veces son los que menos pueden o quieren escapar de las ciudades, que es dónde se manifiestan de forma más cruel.
Pensemos en Carmen cuando pensamos en cambio climático. Todos nuestros esfuerzos por mitigarlo harán su vida mucho más agradable. Pero es inevitable adaptar también las ciudades y entornos para crear refugios auténticos, pensando en la salud tanto física como mental. Gracias Fran por acercarnos a su experiencia de forma tan vivida.
Muy buen punto cuando dices que quienes más sufren las altas temperaturas suelen ser también quienes menos posibilidades tienen de escapar de ellas. Gracias, José María. Estar atento a las experiencias de otras personas puede ayudarnos a detectar barreras que por nosotros mismos quizás no experimentaríamos.
Yo habría continuado el relato en la biblioteca. La señora se relaja y, en vez de revistas, encara un cuento en el que una anciana, lista e ilusionada, intercambia su vivienda en verano, con una pareja de jóvenes, que viven en un pueblo del norte, donde el estío es más suave.
Esta es mi solución hasta que se urbanice, pensando en el ciudadano más que en la rentabilidad. Todo menos angustiarse enfrentando la realidad.
Muy sensibe, son dejar de ser preciso…Me ha encantado. Has recogido en un pequeño relato tanto las emociones de la edad y la soledad como un buen catalogo de aberraciones del diseño arquitectónico y urbano.
Gracias, Guillermo. Creo que este tipo de relatos inspirados en la vida cotidiana pueden ayudarnos a hablar de diseño y ampliar y diversificar el alcance de los textos más académicos. Me alegra mucho que te haya gustado.
Me ha emocionado el texto. Es triste que se esté viviendo esta situación en muchos lugares. El tono distopico del texto como de ciencia ficción. Nunca me ha gustado la ciencia ficción. Ni las de ambiente apocaliptico pero nuestros veranos cada vez son más eso. Supervivencia pura y dura
En esos días de temperaturas extremas echamos de menos algo tan básico como poder ir de un punto a otro bajo la sombra. También nos damos cuenta de que los árboles no son decoración ni un extra del que podamos prescindir, sino infraestructura básica de salud. Gracias por el comentario, Arau.
Siempre pertinente, porque, cuando el diseño y la arquitectura antifrágil no lo es?
Me ha pasado mucho que veo, y sufro, de recorridos urbanos que de pronto pierden la narrativa.
Me explico: una biblioteca, en una plaza bien iluminada, con bancos para sentarse, verde, algo de sombra, pero el recorrido para el peatón es árido. Largas manzanas sin actividad, a veces simplemente un muro con las puertas de servicio de la compañía de electricidad, paradas de bus que son solo un poste, quizá un banco pero sin ninguna clase de sombra.
Hay que pensar en la gente, en que los hermosos edificios que se diseñan no valen de nada si no se toma en cuenta el genius loci, el espíritu del lugar, lo que lo hace insustituible y cómo el proyecto y todo lo que lo conecta con el resto de la ciudad va a contribuir y a expresar ese caracter.
Muchas gracias por traer estas reflexiones a la mesa, ¡feliz domingo!
Lo de recorridos urbanos que pierden la narrativa... Me ha recordado a los carriles bici que solo tienen unos cientos de metros... Sin continuidad 😅. Asi se ha hecho el diseño urbano. Ya es hora que cambie. Ya no es si quiera reverter la emergencia climática es adaptarnos para sobrevivir.
Buenísima analogía! Es que sin tratar de mantener la narrativa y la coherencia del contexto, pasa lo que vemos: piezas que no conversan entre si, ubicadas dando la espalda a lo que tienen que mirar, o interfiriendo con lo que deberían conectar.
Estoy de acuerdo, no basta con tener piezas aisladas que funcionen por sí solas, pensadas de manera autónoma. Una ciudad tiene que funcionar como conjunto, como un ecosistema, donde cada intervención refuerce la siguiente, con continuidad en los recorridos. Cuando ese lazo se rompe, la experiencia humana se resiente, por mucho que las piezas aisladas estén bien resueltas. Gracias por compartir vuestras reflexiones!
Me he visto reflejada en Carmen. Estos últimos días de bochorno ininterrumpido han sido difíciles de soportar. Y eso que tengo todas las comodidades a mi alcance y soy (me considero) joven.
Pienso a menudo en todas las Cármenes y Pepes de nuestras ciudades y pueblos. Todos vamos a ser ellos, antes o después.
Más nos vale ir por la sombra y reclamar sin pausa que haya sombra. Ya.
Así es. La sombra se ha convertido en una infraestructura tan necesaria como los puentes o las plazas. Y no basta con crear puntos aislados. Necesitamos conectarlos mediante recorridos de sombra. Gracias por el comentario, Marga.
Imagino totalmente el recorrido que describes. Creo que todos podemos vivir travesías urbanas hostiles pero que muchos tenemos la capacidad de solventar y, ni siquiera nos paramos a pensar en los que no tienen la capacidad de hacerlo. Muchos días de este verano pasamos (camino de la playa) en coche delante de un "parque de agua"; unas instalaciones que el ayuntamiento de mi ciudad ha añadido a un parque infantil unas instalaciones acuáticas. Juegos de agua, aspersores... Allí los niños pueden estar en bañador, salpicarse, refrescarse... Se supone que, si no puedes llegar a la costa en estos días de calor, tienes esa alternativa. El problema es que es una alternativa bastante lejana, a la que se llega cruzando un puente peatonal u otro semipeatonal sin un tramo de sombra.
Tal y como describes, los recorridos de sombra se han convertido en una infraestructura tan necesaria para la ciudad del siglo XXI como las carreteras o los puentes lo fueron para la ciudad del siglo XX. Tenemos que crear refugios climáticos y, al mismo tiempo, recorridos que los hagan accesibles a todos. Es una buena inversión a largo plazo. Muchas gracias por compartir tu ejemplo, Eva.
Plantar árboles, árboles y más árboles...
Excelente cuento, Francisco, manejar el calor es muy difícil. Yo aquí en México en la brisa, nunca hubiera pensado que en Londres hace más calor que en la ciudad de México...
Gracias, Rosalind. Con el aumento de termperaturas, hay mucho que unos lugares podrán aprender de otros en cuanto a estrategias de dialogo con el clima. Me pregunto qué puede aprender Londres de Ciudad de México, y vicerversa. Seguro que mucho. Abrazos.
No conozco a Carmen pero hablo todos los días con María y sus días durante los últimos veranos son parecidas a los de Carmen. Y desde que empiezan está deseando que terminen.
Estos veranos cada vez más calurosos se ceban especialmente con las personas cuya salud se resiente más como consecuencia del calor, y que muchas veces son los que menos pueden o quieren escapar de las ciudades, que es dónde se manifiestan de forma más cruel.
Pensemos en Carmen cuando pensamos en cambio climático. Todos nuestros esfuerzos por mitigarlo harán su vida mucho más agradable. Pero es inevitable adaptar también las ciudades y entornos para crear refugios auténticos, pensando en la salud tanto física como mental. Gracias Fran por acercarnos a su experiencia de forma tan vivida.
Muy buen punto cuando dices que quienes más sufren las altas temperaturas suelen ser también quienes menos posibilidades tienen de escapar de ellas. Gracias, José María. Estar atento a las experiencias de otras personas puede ayudarnos a detectar barreras que por nosotros mismos quizás no experimentaríamos.
Es el escrito de un arquitecto.
Yo habría continuado el relato en la biblioteca. La señora se relaja y, en vez de revistas, encara un cuento en el que una anciana, lista e ilusionada, intercambia su vivienda en verano, con una pareja de jóvenes, que viven en un pueblo del norte, donde el estío es más suave.
Esta es mi solución hasta que se urbanice, pensando en el ciudadano más que en la rentabilidad. Todo menos angustiarse enfrentando la realidad.
Buen giro. Mientras la ciudad cambia, podemos imaginar acuerdos que amplíen nuestras opciones. Todo suma. Habrá que continuar el relato.... ¡Gracias!
Muy sensibe, son dejar de ser preciso…Me ha encantado. Has recogido en un pequeño relato tanto las emociones de la edad y la soledad como un buen catalogo de aberraciones del diseño arquitectónico y urbano.
Gracias, Guillermo. Creo que este tipo de relatos inspirados en la vida cotidiana pueden ayudarnos a hablar de diseño y ampliar y diversificar el alcance de los textos más académicos. Me alegra mucho que te haya gustado.
Me ha emocionado el texto. Es triste que se esté viviendo esta situación en muchos lugares. El tono distopico del texto como de ciencia ficción. Nunca me ha gustado la ciencia ficción. Ni las de ambiente apocaliptico pero nuestros veranos cada vez son más eso. Supervivencia pura y dura
En esos días de temperaturas extremas echamos de menos algo tan básico como poder ir de un punto a otro bajo la sombra. También nos damos cuenta de que los árboles no son decoración ni un extra del que podamos prescindir, sino infraestructura básica de salud. Gracias por el comentario, Arau.
Me identifico mucho con la situación de Carmen en ese momento
Gracias. En mayor o menor medida, todos sufrimos dificultades cuando la ciudad o pueblo no nos facilita convivir con el calor.
¡Delicioso!
Gracias, María