La Alhambra
Cómo domar el calor sin aire acondicionado
En 1902, un joven ingeniero estadounidense cambió para siempre la manera en que diseñamos los edificios.
Al tratar de resolver los problemas que el calor y la humedad causaban en el papel y la tinta de una imprenta de Nueva York, Willis Carrier desarrolló el primer sistema de aire acondicionado moderno. Por primera vez, podíamos controlar la temperatura del aire interior, independientemente de lo que ocurriera en el exterior.
Seis siglos antes, ese invento habría sido muy útil en Granada, en el sur de lo que hoy es España. Tras fundar el reino nazarí, Muhammad I ibn Nasr inició allí la construcción de un recinto palaciego en la colina de la Sabika.
La Alhambra: un edificio-paisaje capaz de domar el calor del verano en el último territorio de al-Ándalus. Aire acondicionado sin aire acondicionado.
Como explica Eduardo Prieto en su Historia medioambiental de la arquitectura, La Alhambra es “un catálogo perfectamente definido y afinado de soluciones bioclimáticas”.
Vamos a ver cinco claves extraídas de su texto:
1. Ubicación: ni tan alto ni tan bajo
Quizás la estrategia más importante. La Alhambra se sitúa en una colina elevada, con dominio visual sobre la ciudad. Esa posición tiene un sentido político y defensivo evidente, pero también una razón ambiental.
La colina es suficientemente alta para destacar en el paisaje, pero también suficientemente baja para poder recibir por gravedad el agua del río Darro, a seis kilómetros de distancia.
Una condición fundamental, ya que sin agua no hay jardín. Y ambos serán decisivos para convertir una colina seca en un oasis artificial.
2. Jardines: microclimas líquidos
En la cultura islámica, el agua y el jardín ocupan un lugar central. Aparecen en el Corán, pero también en tradiciones literarias anteriores. En La Alhambra su papel no es solo simbólico y estético, sino también ecológico y ambiental.
El agua recorre el conjunto, corriendo por acequias, llenando albercas, cayendo en surtidores. Se mueve y se reparte; entra y sale. El aire que pasa cerca del agua se enfría, volviéndose más agradable.
Además, el agua hace posible la vegetación. Árboles, arbustos y plantas generan sombra y aportan humedad. Juntos, agua y vegetación crean pequeños microclimas más frescos, espacios que contrastan con el entorno seco y caluroso.
Así, el placer visual del agua y el jardín es inseparable de su capacidad para mejorar el confort. La Alhambra nació en un mundo en el que lo bello no estaba reñido con lo útil.
3. Espacios intermedios: un colchón térmico
Uno de los secretos de La Alhambra está en difuminar la separación entre el interior y el exterior. Pórticos, galerías, antesalas… Una colección de espacios intermedios separa los patios de las estancias principales.
De este modo, se genera un colchón térmico. Primero el patio abierto. Luego el pórtico en sombra. Después una antesala. Finalmente, el espacio principal.
A cada paso se reduce la radiación solar directa, baja la temperatura, cambia la luz y mejora la sensación térmica. El confort no se consigue de golpe, sino poco a poco.
De este modo, el bienestar no depende de una máquina controlada por un mando a distancia, sino de la acción conjunta y armoniosa de los espacios. Es una estrategia por capas, que Prieto equipara a “una especie de cebolla termodinámica”. Cada capa protege a la siguiente.
Este modelo huye de la idea moderna de que todos los espacios deben ofrecer la misma temperatura ideal (homogeneidad térmica).
Al contrario: en La Alhambra, cada rincón ofrece una experiencia térmica y sensorial distinta (heterogeneidad térmica).
4. Juego de alturas: empujar el aire
La sección vertical de los espacios es clave. Desde los pórticos semiexteriores hasta las grandes salas interiores, la altura aumenta de forma progresiva.
El aire más fresco, enfriado en los patios por el agua y la vegetación, se mantiene en las zonas bajas y avanza hacia el interior. En las salas principales, los techos altos permiten que el aire caliente ascienda y salga por los lucernarios (pequeñas aberturas situadas en lo alto del espacio). Al salir, deja sitio al aire más fresco, que avanza desde los patios hacia el interior y ocupa su lugar.
De este modo, el juego de alturas fuerza el movimiento del aire y garantiza la ventilación natural. La arquitectura dirige ese movimiento mediante el uso inteligente de la forma.
5. Muros gruesos: bailar con el clima
Los materiales de la Alhambra son sencillos y pesados: tierra, ladrillo, piedra. Muros gruesos capaces de absorber el calor durante el día.
En Granada, las noches de verano suelen traer una bajada significativa de la temperatura. La Alhambra aprovecha ese ciclo. Durante la noche, los muros expulsan el calor acumulado durante el día y se enfrían. Al amanecer, el edificio está listo para atrapar el calor de nuevo.
De este modo, el edificio no se aísla del clima, sino que baila con él.
Agua, vegetación, aire y tierra trabajan juntos para crear condiciones más favorables.

Seis siglos antes de que Carrier inventara el aire acondicionado, Muhammad I y sus sucesores domaron el calor gracias a un catálogo de estrategias de diseño bioclimático.
Pero un palacio para cada uno de nosotros no parece demasiado viable.
¿Cómo podemos aterrizar estas estrategias en el siglo XXI?
¿Cómo podemos diseñar edificios y ciudades que bailen con el clima?
Estas preguntas me llevaron a escribir Cómo hacer hielo en el desierto: Arquitecturas para recuperar nuestra salud y la del planeta, disponible en formato papel y digital.
Puedes echar un vistazo aquí:






Mi ignorancia y mi estupidez hizo que pensara cuando vi la Alhambra que era simplemente una construcción preciosa e histórica, pero gracias a ti ahora soy consciente de lo increíble que es realmente es.
Gracias!
Muy interesante: he vivido en Granada y no había dado cuenta de lo brillante que es la arquitectura climática de la Alhambra.