Cuando muere un árbol
Diseñar para desmontar
Kate Raworth es una economista que habla de dónuts. La autora británica propone que el lugar de equilibrio entre las necesidades humanas y los límites medioambientales tiene forma de rosquilla:
Raworth describe su dónut de la siguiente manera:
El anillo interior (menor) representa el suelo social: las necesidades básicas para alcanzar el bienestar humano. Este anillo incluye requisitos como el acceso a agua potable, comida, salud, educación, paz, justicia o vivienda.
El anillo exterior (mayor) representa el techo ecológico: los límites biofísicos del planeta. Este anillo establece puntos de inflexión para procesos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la deforestación, la contaminación de la atmósfera o la acidificación de los océanos.
Entre ambos anillos se sitúa la masa del dónut: el espacio donde los seres humanos podemos disfrutar de una vida plena. Un lugar socialmente justo y ecológicamente seguro.
El agujero central representa a los millones de personas que no tienen sus necesidades básicas cubiertas, quedando por debajo del suelo social.
El espacio exterior representa un planeta cada vez más difícil de habitar por haber sobrepasado los límites ecológicos.
El objetivo es evidente: que todas las personas superen el suelo social sin que eso suponga romper el techo ecológico. Sin embargo, muchos científicos afirman que ya hemos superado dos tercios de este techo ecológico, mientras que millones de personas no tienen cubiertas sus necesidades básicas.
¿Cómo enderezar el rumbo?
Alcanzar los objetivos sociales sin romper los límites medioambientales requiere cambios culturales. Y uno de ellos tiene que ver con cómo interpretamos el entorno construido.
Durante décadas hemos asumido que un edificio es el destino final de los materiales que lo componen. Esta mentalidad moderna se ha traducido en que la construcción y demolición de edificios sea hoy responsable de casi el 50 % de los residuos sólidos generados en todo el mundo.
Lo repito por si estás leyendo rápido:
La construcción y demolición de edificios es responsable de casi la mitad de los residuos sólidos generados en todo el mundo.
Esta situación creada por el ser humano contrasta con lo que ocurre en la naturaleza. En un bosque, la muerte de un árbol no genera residuos que no puedan ser aprovechados por la comunidad. Su materia sigue formando parte del ciclo ecológico al alimentar nuevas formas de vida. El bosque está diseñado de tal manera que las cosas no se vuelven inservibles, solo se transforman. Y es que no hay mejor diseñador que el paso del tiempo.
Por lo tanto, debemos empezar a ver los edificios como estados temporales de la materia. Como árboles que, una vez alcanzan el final de su ciclo de vida, ponen sus componentes al servicio de la comunidad.
Vamos a ver un ejemplo: la Incubadora de la Universidad de Macquarie, en Sídney.
Quizás la foto te ha decepcionado. ¿Nada del otro mundo?
Espera, que lo interesante de este edificio es lo que no se ve: está diseñado para poder ser desmontado por completo.
Para hacerlo posible, el equipo de Architectus optó por un sistema de construcción prefabricada modular, eligió la madera como material principal y diseñó componentes fáciles de desensamblar.
Mira el interior:
Diseñar para el desmontaje, en lugar de para la demolición, permite entender los edificios que necesitamos hoy como bancos de materiales para los edificios que necesitaremos mañana. Para ello, los componentes deben ser sencillos, independientes y estar libres de tratamientos o acabados innecesarios.
El objetivo es minimizar los residuos para avanzar desde un modelo lineal hacia un modelo circular. De una economía que extrae recursos, los convierte en cosas, las utiliza una vez y las desecha, a una economía basada en la reutilización continua de los materiales.
Y mira qué belleza:
En resumen, alcanzar los objetivos sociales sin romper el techo ecológico requiere cambios culturales. Y observar la naturaleza es siempre un buen punto de partida.
El funcionamiento de un bosque nos invita a pensar nuestros edificios y ciudades como estados temporales de la materia. Una vez han cumplido su función, se descomponen en partes más pequeñas que pueden ser aprovechadas por la comunidad.
Como cuando muere un árbol: su final activa nuevos principios.
Y es que el paso del tiempo es la estrategia de diseño más importante en la naturaleza.
Y quizás también en la arquitectura.
PD. «Diseñar para el desmontaje» es la sexta de las 30 (+1) estrategias incluidas en el capítulo 15 de Cómo hacer hielo en el desierto. Estrategias que no recomiendo utilizar como recetas universales, sino como punto de partida para diseñar edificios y ciudades más saludables.
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Sí, estoy de acuerdo en convertir la edificación en un juego de Lego o Meccano.
La realidad es que no estamos tan lejos. Al final, todo vuelve a casi su forma, casi su sitio y casi su composición. Si se hiciera un balance de materia al Planeta Tierra, salvo la basura espacial, todo permanece aquí. Antes o después, vuelve el cemento armado de los edificios a ser caolin, caliza, mineral de hierro y agua, vuelve a ser montaña. También los vegetales que ingerimos vuelven a nacer, cuando las hojas del naranjo inhalan nuestro aliento y lo convierten en nuevas naranjas...
Si la cumbre del valor no estuviera ocupada por el capital, todos los cambios se harían con lógica, por ejemplo empleando materiales y personal autóctono.
Es posible, pero para llegar ahí habremos de cambiar primero esa ESCALA DE VALORES.
Muy interesante el artículo de hoy.
Me interesa especialmente esa afirmación de que el 50% de los residuos sólidos del planeta vienen de la construcción y demolición de edificios. Me consta que la estrategia en Europa y Norteamérica (o Japón) es muy distinta. En Europa, los edificios se construyen con materiales duraderos porque, en principio, se asume que se seguirán utilizando décadas o siglos, mientras que en Estados Unidos se usan otros materiales porque se suele asumir la temporalidad del edificio.
Con eso en mente, ¿hay datos sobre con cuál de las dos estrategias se generan menos residuos? ¿O esto es irrelevante?