Ríos de sombra
Breve historia de los pórticos de Bolonia
Hace unos días recordé el viaje a Bolonia y decidí escribir sobre la parte que más me sorprendió de la ciudad: sus pórticos. Un lugar ni interior ni exterior, ni público ni privado, pero que se ha convertido en el mejor aliado para combatir el calor.
Esta es su historia.
Todo empezó con una ocupación de dudosa legalidad. Entre los siglos XI y XII, algunos boloñeses empezaron a ampliar las plantas superiores de sus viviendas sobre la calle. En una ciudad densa y en crecimiento, esto les permitía aumentar el tamaño de las viviendas sin pagar por más metros cuadrados.
Poco a poco, fueron apareciendo espacios cubiertos bajo ampliaciones de viviendas cada vez más extensas. Conforme los vuelos crecieron, necesitaron pilares que condujeran su peso hasta el suelo.
Al principio, la ciudad trató de frenar las ampliaciones. Después, intentó regularlas. Y finalmente, en 1288, decidió que quizás sería mejor unirse al enemigo que luchar contra él, e hizo obligatoria la construcción de pórticos en los edificios nuevos.
De hecho, los propietarios de casas sin pórtico eran ahora presionados para completar sus tramos. Y también para mantenerlos, pese a que cualquier persona podía utilizarlos. «Propiedad privada y uso público».
La red de pórticos se fue tejiendo de manera colectiva y orgánica, sin un plan general. Los pequeños charcos de sombra bajo cada casa se fueron uniendo hasta formar un río que atraviesa la ciudad. En total, 62 kilómetros de techo urbano construido pieza a pieza.
Bajo este techo, la ciudad camina al trabajo, toma café, mira escaparates, espera el autobús, empuja un carrito o se encuentra con un amigo. La vida ocurre bajo esa gran sombra colectiva. Una suerte de salón urbano.
Como decía al principio, los pórticos se han convertido en un arma para combatir el calor. Al bloquear la radiación solar directa, evitan que llegue a nuestro cuerpo y también a las superficies que nos rodean. El baile entre su profundidad, su altura, la orientación y los materiales permite mejorar la sensación térmica y hacer más habitable el entorno.
En febrero de este año, el Ayuntamiento puso en marcha «Linee d’ombra», un proyecto para fortalecer estos itinerarios de sombra. El estudio se apoya en un modelo digital 3D que permite simular el soleamiento a distintas horas y épocas del año. El objetivo es localizar recorridos que conecten los refugios climáticos municipales y detectar puntos donde falte protección.
Me interesa el proyecto porque invita a pensar la idea de refugio climático a otra escala. Una biblioteca o un colegio abiertos durante una ola de calor son necesarios, pero insuficientes. De poco sirve un oasis que no podemos alcanzar. Necesitamos puntos, pero también líneas. Cuando esas líneas se cruzan, aparece una red.
Uno de los desafíos de las ciudades actuales es recuperar espacios intermedios que difuminen los límites entre el edificio y la calle. Entre un interior acondicionado y un exterior que se derrite. Entre el constipado y el golpe de calor.
No es que sea algo novedoso. Patios, porches, galerías, toldos, aleros, pérgolas y parras han cumplido estas funciones durante siglos. Los espacios intermedios nos permitían convivir con el calor antes de la expansión del aire acondicionado.
Como digo en Cómo hacer hielo en el desierto, existe todo un mundo por descubrir entre el interior y el exterior. Un mundo que, además, puede expresarse de manera distinta en cada lugar.
Por eso, aprender de Bolonia no consiste en copiar el estilo de sus fachadas o la forma de sus columnas, sino en entender que los recorridos de sombra son en muchos lugares una infraestructura sanitaria de primera necesidad.
Solo eso. Todo eso.
PD. «Propiedad privada y uso público». Esto quiere decir que los propietarios asumen gran parte del mantenimiento, mientras el Ayuntamiento de Bolonia regula las intervenciones, coordina permisos y ofrece algunas ayudas.
PD2. La fórmula, lejos de ser perfecta, ha alimentado el fuego del debate desde la Edad Media. Usos, responsabilidades, costes. ¿Cuánto puede ocupar un comercio? ¿Quién responde ante una baldosa rota? ¿Quién retira la bicicleta abandonada?








Muy buena solución climatica y un origen curioso pero que en realidad es más habitual. Siempre hay un pionero después detractores y seguidores, hasta que al final uno se acostumbra y le ve puntos positivos.
Respecto a la responsabilidad de mantenimiento, hay porticos en muchas ciudades y entiendo que debajo de los porticos es espacio público, suelo y columnas. Y la fachada de la casa sea privada.
Supongo que dependerá de la solución que haya establecido cada ayuntamiento. En el pueblo donde vivo, la Seu d'Urgell, el ayuntamiento está realizando obras de mantenimiento en los porticos en este momento.
Como las galerias en la fachada, esto también es una buena solución arquitectonica. Gracias por recordarlo.
My wife and I visited Bologna on a "long weekend" break nearly 10 years ago. Those photos are stunning, Francisco - as is the city. So much history crammed into one place. And the food...! I must put a post of some of my shots together for Substack.